sábado, 13 de diciembre de 2014

Desde que tú llegaste mi vida es un desmadre.

He vuelto a leer y a escribir como si no existiera otra cosa en la que emplear mi tiempo. Hace unos días, me di cuenta de que tenía una semana sin andar en bicicleta, ya que he preferido caminar hacia los lugares a los que tengo que ir en lugar de pedalear. No sé qué me está pasando o más bien si sé pero me da miedo admitirlo. Pero me gustan estos cambios, estoy sonriendo más.

martes, 9 de diciembre de 2014

Los ciclos y las canciones.

La semana pasada, viví mi primer concierto de Love of lesbian. A los lesbianos los conocí hace muchos años, cuando cantaban en inglés y no llenaban estadios. Cuando la gente aún te miraba raro por decir que te gustaba una banda llamada "LOL", por más hipster que suene esa frase. Me gustaban en ese entonces y me siguen gustando ahora. Fueron, además, clave en una etapa de mi vida en la que no me importaba nada ni nadie más que una persona. Luego esa persona se fue de mi vida y escuchar a Love of Lesbian se volvió doloroso. Sin importar qué canción escuchara, me recordaba a esa persona. Así que dejé de escuchar a los lesbianos; sólo los escuchaba cuando alguien más me obligaba a hacerlo o cuando había bebido y quería ponerme más triste. Justo en esa época, a Love of Lesbian se le ocurrió comenzar a visitar México. Una parte de mi moría por ir a verlos pero otra, la sensata, me decía que terminaría destruida si iba a un concierto de ellos, por lo que al final me decidía por no ir. Pues bien, la semana pasada anunciaron este show sorpresa, un sábado. Sería el último show en México en un buen tiempo, ya que dejarán de tocar al menos un ao para preparar el nuevo disco. Así que dije "Fuck it". Agarré un poco de ropa, los pocos ahorros que tenía y me lancé al D.F. Y los vi. Y no paré de sonreír en todo el puto concierto. Pensé en este chico durante los primeros 10 segundos de "Domingo astromántico" y luego vi a Santi Balmes, vi cómo cantaba, como sonreía y dejé de pensar en tanta mierda, en tantos monstruos que llevaban años siguiéndome. "Yo mataré monstruos por ti", cantaba Santiago y yo sentía que me lo cantaba sólo a mi y nadie más que a mi. Sentí como si me lanzaran un montón de canciones y estas me abrazaran. Creo que lo hicieron. No sé qué pasó en el concierto pero sé que todos mis demonios se murieron. Puede que haya sido la combinación de haber visto dos semanas antes a Amaro e Iván Ferreiro o puede que haya sido la locura de ir 2 veces en un mes al D.F. o puede que haya sido que unos días antes había recibido una excelente noticia. No sé, puede que haya sido todo eso o sólo el concierto pero desde ese día, estoy en paz. Ya hay, dice "Allí donde solíamos gritar". Lo canté y grité y si, hay paz. Mucha paz y mucha felicidad. Luego, al final del concierto, tuve la fortuna de hablar con los lesbianos (gracias, David, no lo hubiera logrado sin ti). Yo no podía ni pensar correctamente. Mi cerebro y mi corazón aún no ordenaban lo que estaban sintiendo. Y entonces, me acerqué a Santi, todavía casi temblando, y le dije "Tienes un minuto para escuchar un montón de cosas cursis que probablemente ya te hayan dicho antes pero que yo también te quiero decir?" Y respondió con un "Ostia... comienza... ahora!". Y comencé a vomitarle más o menos las mismas palabras que vomité aquí. Al final, me abrazó y hablamos sobre los ciclos y lo mucho que ayudan las canciones a cerrarlos y abrirlos. Y sobre los monstruos y sobre los demonios que acabábamos de matar. No me arrepiento de haber tenido esos monstruos. Los tuve porque yo así lo decidí y porque fui feliz antes de que se convirtieran en monstruos. Si me arrepiento de haber tenido tanto miedo de ver a Love of Lesbian, de haber dudado del poder curativo de la música. Me arrepiento de no haber cerrado ese capítulo antes. Pero, como escritora, sé que el final en realidad no lo dicta el escritor, sino una serie de factores sobre los cuales no tenemos ningún control en realidad.