miércoles, 26 de diciembre de 2012
Bici.
Tenía meses con ganas de una bici. Nunca fui buena andando en bicicleta, carezco de sentido del equilibrio. Pero, lo admito, ver a tanto modernito por ahí, sonriendo y viéndose lindos pedaleando por ahí, me dieron muchas ganas de tener una. Mis padres, al ver que no desestía de la idea de tener este hermoso vehículo, decidieron regalarme una mountain bike. Azul, de segunda mano, preciosa. No puedo creer el placer que me estaba privando. Qué felicidad sentir el aire correr por mis cabellos, por mi cara. La cara de la gente atascada en el tráfico, al ver que los pasas sonriendo. Lo feliz que me siento al haber recorrido una gran distancia. Y en estos días navideños, donde la ciudad se queda sola, me siento la reina del universo andando por ahí hasta las tantas, sin ningún ruido más que el de mis llantas contra el pavimento. Ojalá algún día pueda vivir en una ciudad donde no haya autos, sólo bicis y sonrisas.
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