domingo, 1 de septiembre de 2013
Medidas desesperadas.
Está siendo un día particularmente difícil. Pensamientos que no tenía desde los 12, 13 años vuelven a rondar mi mente. ¿No sería más fácil desaparecer? Desaparecer desde agarrar unas cuantas cosas y largarme para que nadie vuelva a saber nada de mi o simplemente morir. Cualquier opción es válida. Sí que sería más fácil. ¿Quiero la opción más fácil?. Pues la verdad es que no sé. No sé. No sé hacia dónde voy. Más bien, sé a dónde quiero ir pero no sé cómo llegar. ¿A quién le puedo pedir direcciones? No tengo ni puta idea. ¿A mi corazón? Creo que la vida me ha golpeado lo suficiente para olvidarme de cursilerías. Respiro. Bebo un litro de agua helada de un tirón. Y escribo. Sigo escribiendo porque creo que es la única salida (o entrada, no sé) que puedo tomar. Acaricio ese mechón rebelde de mi cabello que no deja de moverse con el viento que sale de mi abanico. Comienzo a calmarme. Comienzo a sentir que todo va a salir bien. Me olvido de medidas desesperadas y tomo medidas pensadas, calmadas, certeras. Sigo escribiendo.
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