lunes, 24 de marzo de 2014
Rey sombra.
"¿Qué puedes ofrecer que aún no haya probado?", escucho que cuestiona Jota desde mis audífonos, desde esa música que taladra mis oídos y mi corazón un poco con cada nota. Me imagino que te preguntas algo parecido y tiemblo de miedo, pero sólo por breves instantes. Inmediatamente después, le doy una calada larga a mi cigarro y sonrío.
Puedo ofrecerte días de quedarnos tumbados en la cama, viendo películas que nos hagan cuestionarnos el sentido de todo o videos de gatitos haciendo el bobo. Días de pasear con los amigos y hasta de presentarte nerviosamente a mis padres. Días de pasear por las contaminadas calles de esta ciudad o de encerrarnos leyendo el libro en turno.
Puedo ofrecerte tardes calurosas con helados de mango y limón, o lluviosas y frías con café calientito. Tardes de perdernos por la ciudad o de acudir a los sitios de siempre. Tardes de que me acompañes al super, porque sabes que odio ir sola.
Puedo ofrecerte interminables noches sin dormir. Pueden ser noches de besos, de caricias. Pero también pueden ser noches de música y charla. Pueden ser lunas vistas desde mi cuarto o el tuyo o desde cualquier cuarto, azotea o calle. Pueden ser noches con abrazos temblando de frío bajo una misma chaqueta porque volví a olvidar la mía. Pueden ser noches de pasear en bicicleta por la ciudad vacía, imaginando que no existe nadie más que tú y yo. Pueden ser noches de charlas interminables o de silencios perfectos.
Puedo ofrecerte todo o pequeños detalles que en realidad son más. Podría enviarte este escrito y demostrarte que soy la persona más cursi del mundo. Podría callarme, dejar de escribir y seguir fumando y escuchando a Los Planetas.
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