lunes, 8 de abril de 2019
The Vaccines en Juárez (o cómo recuperé I always knew)
Ver a tu banda favorita en concierto no es poca cosa. Pero tener la certeza de que el vocalista de tu banda favorita te estaba mirando y cantando solamente a ti en fragmentos de tus canciones favoritas, simplemente es indescriptible.
Este fin de semana viajé a Ciudad Juárez, Chihuahua, por primera vez en mi vida, para asistir al Festival Tecate Supremo. El Google maps señala que son 1169 kilómetros de distancia de Monterrey a allá o lo que es lo mismo, una hora y 15 minutos en un avión.
Al llegar a Juárez, la sensación fue a la de haber llegado a Matamoros o a Reynosa, ciudades fronterizas que conozco bien por el simple hecho de ser tamaulipeca; la fronteras, al parecer, son similares todas: muchos comercios abandonados o cerrados, personas hablando un español mezclado con inglés, comida muy industrializada, una zona rosa grande e insegura y realmente poco que ver.
Sin embargo, a sabiendas de que el concierto que me llevaba a la ciudad era 18 horas después de mi llegada a Juárez, me puse a turistear.
Logré visitar dos puntos emblema para los fans de Juan Gabriel: su casa, que pronto abrirá sus puertas como museo, y un mural realizado por el artista Damasco, de la cara de un joven Alberto y con la frase “Felicidades a toda la gente que está orgullosa de ser como es”. Fue muy emocionante ver la enorme pinta y saber el cariño que la gente le tiene, ya que al verme tomarle fotos, me daban tips para que cambiara de ángulo y que así la foto pudiera salir mejor.
La que no tiene la misma suerte es una escultura de TinTan que se encuentra en la plaza frente a la Catedral. Aunque la escultura está impecable, está se encuentra en una fuente que está sucia, graffiteada y con agua estancada.
La Catedral, que data de 1957 y el primer centro evangélico de la zona, la Misión de Nuestra Señora de Guadalupe, que data de 1668, son contrastantes además de por su edad, por su estilo; la más antigua es casi un cuartito simple con bancas de madera para orar, mientras que la más reciente tiene dos imponentes campanarios.
Una vez palomeados los puntos turísticos más importantes, o al menos los que más deseaba ver, me encontré con mi amiga Lilly, quien también iba de Monterrey acompañada de su primo Diego y quien también solamente buscaba ver a The Vaccines.
Decidimos ir a desayunar a un Sanborns; ya es costumbre para mi comerme unos tecolotes previo a un festival de música; la combinación de chilaquiles y molletes, es decir, carbohidratos con carbohidratos, logran que uno aguante el hambre durante el tiempo necesario. Elegimos un Sanborns en específico por razones que no puedo explicar, pero que pueden adivinar.
Al llegar, nos atendió Sabina, una chica joven que nos explicó que estaba embarazada y que por eso no se lanzaba también ella al Tecate Supremo. Me dio una ternura increíble cómo tocó su pancita en el momento que nos contó eso. A partir de ahí, platiqué mucho con ella y fue muy agradable la sobre mesa con sus constantes chistes y apuntes. Extendimos la sobremesa con un delicioso pastel de chocolate. Posteriormente, Lilly y yo acudimos al baño a darnos una maquillada y arreglada rápida. Jugando y bromeando con la esperanza de ver a The Vaccines previo al concierto. La primera vez que vi a Justin, en septiembre del año pasado, recuerdo haber pensado “ojalá me hubiera arreglado un poquito más”, ya que traía una playera que realmente ya no me gusta y nada de maquillaje. Así que con mucha esperanza y optimismo, improvisamos una sesión de arreglo personal en un baño bastante sucio de Sanborns. Al salir del baño, recorrimos el negocio y nos encontramos con la sección de perfumes. Sugerí que todos nos perfumáramos con un “pues es gratis” y lo hicimos y hasta bromeamos diciendo “para que el Justin nos huela bien rico”.
El área de perfumes siempre está cerca de la puerta, entonces tras robar perfume de Sanborns, caminamos tres pasos y sentí que alguien venía detrás de mi; siempre trato de sostener la puerta para las personas que vienen detrás de mi, entonces me detuve para ver si la persona que estaba siguiéndonos necesitaba auxilio con la puerta cuando… cuando noto que quien está detrás de mi ES JUSTIN HAYWARD-YOUNG. Me comencé a reír histéricamente en mi cabeza y agradecí a todos los dioses que se me ocurrían. Lo vi a los ojos, le sonreí y mientras dije “Hiiii, Justin!”, Diego le decía a Lilly “míralo, ahí está”. Fue de esos instantes surreales que siempre se quedarán en mi mente. Ahí, en el lugar menos esperado estaba a quien más esperaba ver. Comenzamos a platicar y, aunque fue breve, fue muy significativo: le mostré mi playera de la Cientología, que me hice exclusivamente para que la viera y hacerlo reír; funcionó, me tomó una foto que espero alguna vez se decida a subir a su Instagram. Logramos también contarle que veníamos de Monterrey, que los habíamos visto en septiembre y que el viaje solamente era por ellos. Nos pidió que nos cuidáramos, ya que conocía la situación de inseguridad de Juárez. El “Be safe” más tierno de la historia. Ahora si, no como en septiembre, logré también que me escribiera la frase de una canción que me tatuaré: The Vaccines tiene que estar en mi piel. Nos tomamos la clásica foto de fan afuera del mencionado Sanborns y nos abrazamos de despedida con la sonrisa más grande que he tenido en todo el año.
Posteriormente llegamos a descansar un rato el hotel, para irnos cerca de las 6pm al Parque El Chamizal, sede del Tecate Supremo.
El Chamizal es un parque enorme con decenas de árboles de todo tipo. Al llegar, cantaba División Minúscula, a quien siempre es un placer ver porque sonaron mucho en mi adolescencia y porque son también de Tamaulipas. Cuando acabaron, me di cuenta que me esperaban 6 horas de pie hasta poder vivir el concierto de The Vaccines.
Vi, pero no disfruté a Caifanes, Caligaris Y Caloncho. Vi por segunda vez en vivo a DLD y aunque me encanta la energía que emanan, no los sigo, por lo que pude disfrutarlos un poco. Vi por no sé que ocasión a Zoé y me di cuenta de que ya no me sé sus canciones populares; León llegó a decir “hay gente que se emociona más con las viejitas” y pues, si, las del Memo Rex para atrás era las canciones que me sabía y que grité.
Sufriendo empujones, pisotones e incomodidades, Lilly y yo llegamos a primera fila justo antes de The Vaccines. Logramos incluso quedar justo donde Justin y Freddie estarían. Y así, con un frío seco que calaba hondo, comenzó a sonar la Tocata y fuga en re menor de Bach/ Dancing Queen de Abba. Los primeros acordes que sonaron durante del mejor concierto de The Vaccines al que he ido.
La primera fila rindió sus frutos rápido cuando Lilly logró que Justin nos ubicara y desde la primera canción, el Jay Jay Pistolet se acercaba hacia donde estábamos y nos miraba en momentos clave.
Your love is my favourite band fue la primera en sonar de su repertorio. Y desde ahí, me tienen señalándolo cuando cantaba el estribillo y a él señalándome de vuelta. Justin aclaró que tenían un par de semanas sin tocar juntos y creo que se notó: tocaron con mucha energía, más de la que le suelen imprimir normalmente, lo que ocasionó que un día después me sigan doliendo las piernas de tanto brincar y continúe afónica por tanto gritar.
Le siguió Teenage Icon, otro gancho al hígado.
Yo sabía que me iba a romper en un momento de la noche, pero no pensé que fuera tan pronto: enseguida, comenzó a sonar I always knew. La última vez que vi en vivo al quinteto, le canté esa canción en el oído a la persona con la que estaba. Al notar que seguía esta canción, comencé a llorar. Lilly lo notó y me abrazó, mientras yo miraba al suelo y pensaba “mierda”. Supongo que Justin también lo notó y decidió arreglar la situación: “You talk to me and it comes off the wall, you talk to me and it goes over my head, so le’ts go to bed before you say something real, let’s go to bed before you say how you feel” me fue cantada directamente a mi. Justin me miraba y señalaba cuando decía “you” y mierda, las lágrimas dejaron de salir para sentir una felicidad tan enorme que comencé a brincar. Me devolvió mi canción, la canción que yo había regalado y que pensé que nunca iba a recuperar y que siempre me iba a recordar a G. y a esa mala etapa de mi vida. Pero no. Llegó Justin y arregló todo, como siempre. Ojalá nunca se me olvide ese momento. De ahí en adelante, estaba totalmente en shock. En breves momentos dejaba de cantar para ver a los chicos; tenía que verlos, absorber esa energía que me estaban dando, ese amor que destilaban, esas canciones que tantas veces he cantado entre risas, lágrimas, alcohol o lo que sea, estaban ahí para mi, para todos.
Y Justin lo entendió, creo. De repente se acercaba hacia donde estaba y cantaba o me miraba directamente desde algún punto y nos sonreíamos y era magia total. Él entendió lo que significan sus canciones para mi y eso fue muy bonito para ambos.
Wetsuit fue otro momento clave; “Time gets harder to outrun and I’m nobody, I’m not done” cantada igual, frente a mi y viéndome y esto si lo pude grabar en video. Es una de las mejores canciones de la banda y fue maravilloso poderla cantar de esa forma, sintiendo a los chicos tan cercanos. Sintiendo a Justin tan cercano.
Y de ahí en adelante fue energía pura, riffs clásicos como Post break up sex, las nuevas Let’s jump off the top y All my friends, la viejita hermosa If you wanna y de repente, así como empezó todo, All in white anunciando el fin de esto.
Ni siquiera me sentí triste cuando terminó. Quisiera que hubiera durado miles de horas más y que hubieran cantado todas las canciones de todos sus discos incluidos los de Jay Jay Pistolet, pero no importaba: el viaje improvisado, para el que ahorré mucho tiempo, para el que me tuve que desvelar muchas semanas para poder dejar mis pendientes listos, el que soñé desde el año pasado, había logrado su cometido; recordé lo vital que es para mi la música y viajar. Prometo no dejar esa sensación y agradezco tanto que The Vaccines, mi banda favorita, sea quien me lo recordó. Qué mágicas son las casualidades, las causalidades y tú, Justin, qué mágico eres tú.
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